La cochabambina que interviene en las crisis urbanas

Carla Ariscain es fundadora de Psicólogos sin Fronteras. Se especializó en gestión de conflictos en España. Da apoyo voluntario  Los desast...

Carla Ariscain es fundadora de Psicólogos sin Fronteras. Se especializó en gestión de conflictos en España. Da apoyo voluntario Los desastres urbanos, como robos, riadas u otro tipo de accidentes que afectan la seguridad de los ciudadanos, causan no solamente daños materiales o medioambientales, sino que también pueden generar peligrosas secuelas en la sociedad. Para atender este tipo de circunstancias, Carla Georgina Ariscain Giné reunió a un grupo de profesionales voluntarios con vocación y compromiso. Así nació Psicólogos Sin Frontera (PSF), al calor de motines y muertes en Palmasola, y su labor prosiguió en las inundaciones en Beni y el temible desplome del edificio Málaga. Carla y el grupo de voluntarios buscan el apoyo de otras instituciones para seguir su labor, una que ayuda a cicatrizar las heridas que provocan las crisis urbanas.
¿Cómo se conocen y cómo se organiza PSF?
Somos un grupo de profesionales que por diversas razones coincidimos en puestos laborales en la cárcel de Palmasola. En el 2002 identificamos una serie de conflictos que requería un trabajo de intervención de emergencia.  

¿A qué tipo de situaciones de emergencia se refiere?
En ese momento se dieron motines e incluso hubo enfrentamientos que terminaron en muertes de reclusos. Por eso decidimos hacer una intervención, trabajamos tanto con reclusos, familiares, policías como con autoridades del penal. Había motines y matanzas. Con todos elaboramos un perfil sicológico e incluso formamos grupos de respuesta inmediata. Capacitamos internos para que identifiquen y alerten cualquier anomalía que represente un peligro.  

Se dieron cuenta de que existía una carencia... 
Sí. Nos informamos y decidimos organizar el grupo PSF, que tiene representación internacional, con sede en España. Cuando nuestra labor en la cárcel concluyó, por diferentes motivos, continuamos nuestra labor de manera voluntaria, acudiendo cada vez que una situación lo ameritaba. En 2005 ocurrió una explosión de ductos cerca de la comunidad El Salao.

¿Qué recuerda de esa experiencia?
Fue terrible. Ocurrió en la víspera de Año Nuevo, el 31 de diciembre de 2005. Hubo más de 30 personas afectadas por el fuego y una conmoción en las más de 600 familias que componían la comunidad, que se encontraban cocinando o disfrutando la festividad. 

Usted mencionó que también colaboraron en las riadas de Trinidad en 2008 ¿Cómo fue ese momento?
Colaboramos en octubre de 2008 y en septiembre de 2009. Tuvimos que hacer que la gente tome conciencia del peligro para que abandonen sus hogares y busquen un refugio. Fue difícil porque las lluvias eran torrenciales, pero la gente, en especial los adultos mayores, se aferraba a sus casas y a sus pertenencias. Beni es una tierra de gente acostumbrada a estas contingencias y convencerlos que esta ocasión era diferente fue un trabajo complicado.

Digamos que su debut mediático fue durante el desplome del edificio Málga... 

Para entonces estábamos constituidos como una asociación legalmente establecida. Logramos el reconocimiento en 2008. Cuando nos enteramos de la noticia, nos autoconvocamos y nos ofrecimos a las autoridades para colaborar e ingresamos a la zona de impacto directo. Trabajamos con familiares que esperaban que se rescate a las víctimas. Algunos sufrían trastornos transitorios. Es decir, había gente que decía que escuchaba a sus familiares, cuando en realidad se supo que ya habían fallecido. Nuestra labor consistía en ayudarlos a aceptarlo.    

Hay quien dice que nada puede compensar la pérdida de un ser querido ¿Cómo ayudar en esa situación?
Es verdad. Cuando se pierde un familiar, un trabajo o algo importante nada puede compensarlo. Necesitan un tiempo para asimilarlo. Después de llorar, enojarse y sentir todo lo que tiene que sentir, deben comprender que tienen que reorganizar su vida sin contar con ese ser querido. En eso colaboramos.

A propósito de crisis urbanas ¿Cómo evalúa la reacción de la sociedad en el reciente incidente de Eurochronos?
Fue una situación en la que también nos hubiera gustado colaborar. Lo que nos queda es aprender de esa mala experiencia en que se transmitió información falsa, sin filtros. Hay que generar conciencia. Somos emisores, receptores y filtros. De lo que nos olvidamos es de esto último. En estos tiempos tecnológicos nos olvidamos preguntarnos si lo que vamos a compartir va a ayudar. Para algunos el generar confusión también es una ganancia. 

La intervención en situaciones de crisis es muy importante ¿Qué ocurre con aquellos que no reciben ayuda?
Depende de la persona. Hay quienes tienen un cúmulo de fortalezas o experiencias que los ayudan a enfrentarse a situaciones difíciles. Quienes no tienen esa capacidad pueden desarrollar cuadros postraumáticos. Tener pesadillas, padecer de evasión. Esos problemas pueden afectar en el desenvolvimiento en su trabajo y con su familia. 

¿Y el sicólogo no padece? ¿Qué ha sido para usted lo más difícil de enfrentar?
Se supone que estamos preparados para todo, pero la cercanía a la muerte es lo más difícil de afrontar. 

EL DEBER

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